Neurociencia aplicada al estudio

Todo el mundo ha experimentado, en el momento de sentarse a estudiar, que no siempre se consigue aprender un concepto, por mucho que se lo lea. Se puede repasar un texto varias veces y no recordarlo al día siguiente, o estudiar durante horas sin que la información se fije de forma clara en el cerebro. Esto tiene una explicación y no es la falta de esfuerzo, sino que en realidad se trata de la forma en que el cerebro procesa la información.

Desde la neurociencia se llevan décadas de estudio sobre los mecanismos que hacen que el aprendizaje quede grabado. A lo largo de estas investigaciones, se fue llegando a la conclusión de que la memoria es una red dinámica de conexiones neuronales que se refuerzan o se debilitan en función de cómo se trabaja la información. Por eso, la clave no está en cuánto tiempo se pasa estudiando, sino en qué se hace con ese tiempo. Una distinción que parece obvia pero que cambia por completo el enfoque de cualquier proceso de aprendizaje, independientemente de la materia o el nivel de exigencia.

 

Cómo procesa el cerebro la información

Para entender por qué algunas técnicas de estudio funcionan mejor que otras, primero hay que entender cómo se construye la memoria. El proceso inicia cuando se recibe información nueva, que pasa primero por la memoria de trabajo. Esta tiene una capacidad muy limitada y, si no se hace nada con el aprendizaje adquirido, se puede perder rápidamente. Para que llegue a la memoria a largo plazo es necesario hacer determinados ejercicios que relacionen la información con ideas conocidas previamente.

Según la teoría del doble canal, desarrollada por los investigadores Richard Mayer y Allan Paivio, el cerebro procesa de forma simultánea e independiente los estímulos verbales y los visuales, pero crea conexiones entre ambos canales que refuerzan el recuerdo. Por esta razón, como explican en Next Educación, los mapas mentales, los esquemas, los gráficos y las infografías son herramientas especialmente eficaces precisamente porque activan esos dos canales al mismo tiempo, creando más vías de acceso a la misma información.

El problema de la memorización pasiva

Durante mucho tiempo, el modelo de estudio más común se basó en la repetición. En las escuelas se enseñaba a estudiar a partir de leer, subrayar y releer hasta que la información quedara fijada. Esta idea se descartó gracias a los avances en el estudio del funcionamiento del cerebro. Los científicos pudieron determinar que el límite de retención del procesamiento superficial se debe a la ausencia de asociaciones, que son necesarias para que el cerebro pueda recuperar la información en otros momentos.

A raíz de estas conclusiones, la neurociencia comenzó a fomentar un método opuesto, que busca incorporar el contenido de forma activa, a partir de preguntarse qué significa y cómo se puede relacionar con lo que ya se sabe o cómo se podría explicar con otras palabras. Este tipo de procesamiento genera redes neuronales más complejas y más fáciles de activar en el momento en que se necesita la información.

La diferencia entre ambos enfoques se encuentra lo que diferentes estudios comenzaron a llamar “pirámide de aprendizaje”, desde la cual se sugiere que se retiene hasta el 90% de lo que se enseña o aplica activamente, frente a apenas el 10% de lo que solamente se lee.

Por qué los esquemas funcionan

Como señala CES Don Bosco en su análisis sobre neuroeducación, incorporar materiales visuales al estudio refuerza las conexiones neuronales y facilita tanto la comprensión como la recuperación posterior de la información. En este sentido, determinar jerarquías claras y la relación entre diferentes conceptos facilita la comprensión de cada una de las partes. Por ello, al realizar esquemas que estén bien construidos, se logra ordenar la información de manera mucho más clara.

Teniendo en cuenta que el esquema no es mucho más que una representación visual de la información, se tiene que comprender que una de las claves está en la forma que se ordenan sus puntos. En estos, se debe destacar lo esencial, definir que va directamente subordinado a las ideas más importantes y pensar en los vínculos que entre ellas se dan. Así, durante el proceso de selección y organización del propio esquema, ya se va razonando con los nuevos conceptos y aprendiéndolos de forma activa.

Desde la preparadora de oposiciones de justicia online Esquemas Oposiciones de Justicia, señalan que el esquema no solo facilita la comprensión inicial, sino que reduce significativamente el tiempo que el estudiante necesita para consolidar cada bloque temático. Es decir que, una vez armado el esquema, al momento de repasar o estudiar conceptos clave, la estructura visual también ayuda para conseguir una mejor retención de las ideas.

Otras técnicas avaladas por la neurociencia

Una herramienta de estudio que suele dar buenos resultados es el espaciado. Esta técnica consiste en distribuir el estudio a lo largo del tiempo en lugar de concentrarlo en sesiones largas e intensivas. Gracias a esto, el cerebro consolida mejor la información porque se da el tiempo para procesar y decantar la información recibida y recuperar lo aprendido después de un período de descanso.

Otra opción es la recuperación activa, también conocida como testing effect, que apunta a ponerse a prueba e intentar resolverlas sin consultar apuntes e intentar recordar sin ayuda. Esta técnica resulta ser eficaz para consolidar el conocimiento, ya que el esfuerzo para retener la información, aunque resulte incómodo, hace que las conexiones neuronales se fortalezcan.

Estudiar mejor no significa estudiar más

A partir de las investigaciones sobre el aprendizaje, se ha llegado a la conclusión de que el tiempo dedicado al estudio no es lo más relevante para que el aprendizaje sea claro. La diferencia se marca en la calidad del procesamiento. Es decir, organizando la información de forma visual, repensando los conceptos en distintos momentos y estableciendo relaciones. Si el estudiante aplica estas estrategias durante dos horas, puede aprender y retener mucho más que repasando el mismo contenido durante seis horas de forma pasiva.

Entender cómo funciona el cerebro ayuda a encontrar soluciones para trabajar de forma más eficaz. Por ejemplo, comprender la manera en que se adquiere la información resulta muy útil para pensar métodos de estudio más eficaces, reduciendo la frustración y dando resultados que se sostengan en el tiempo, más allá del día del examen.

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