Las empresas apuestan por las nuevas tecnologías para adaptarse a las regulaciones medioambientales

La creciente demanda de alternativas sostenibles a los plásticos tradicionales ha impulsado a las empresas fabricantes de bolsas de bioplástico a incorporar tecnologías punteras en sus procesos productivos. Estas compañías se encuentran en un punto clave de la transición hacia modelos de consumo más responsables, ya que deben combinar innovación, eficiencia industrial y respeto medioambiental para responder a un mercado cada vez más exigente. La adopción de nuevas tecnologías no solo permite aumentar la capacidad de producción, sino también mejorar la calidad, funcionalidad y trazabilidad de los productos.

Uno de los avances más relevantes se encuentra en el desarrollo de materiales de origen renovable mediante procesos biotecnológicos. Muchas empresas utilizan polímeros obtenidos a partir de almidón de maíz, caña de azúcar o aceites vegetales, cuya transformación requiere tecnologías de fermentación y polimerización avanzadas. Estos procesos permiten obtener bioplásticos con propiedades mecánicas similares a las de los plásticos convencionales, garantizando resistencia, flexibilidad y durabilidad, aspectos esenciales para que las bolsas cumplan su función en sectores como el comercio o la alimentación.

La optimización de los procesos de extrusión y soplado también ha sido clave para atender la demanda actual. Las líneas de producción modernas incorporan sistemas automatizados y sensores inteligentes que controlan en tiempo real variables como la temperatura, la presión o el espesor del material. Gracias a estas tecnologías, las empresas pueden reducir desperdicios, mejorar la eficiencia energética y asegurar una calidad homogénea en grandes volúmenes de producción. La digitalización de las plantas industriales se ha convertido así en un factor decisivo para competir en un mercado global.

Otra tecnología puntera que está ganando protagonismo es el uso de aditivos biodegradables y compostables de última generación. Estos compuestos, desarrollados mediante investigación avanzada en química de materiales, permiten ajustar el comportamiento del bioplástico en función de su uso y de su final de vida. De este modo, las bolsas pueden diseñarse para degradarse en condiciones de compostaje industrial o doméstico, cumpliendo con normativas específicas y respondiendo a las expectativas de consumidores y distribuidores.

La investigación y el desarrollo juegan un papel central en esta evolución tecnológica, tal y como nos explican los técnicos de Bioplásticos Genil, quienes nos cuentan que, como ellos, otras empresas del sector colaboran con centros tecnológicos, universidades y startups especializadas para acelerar la innovación. El uso de simulaciones digitales y modelos predictivos permite probar nuevas formulaciones y diseños sin necesidad de recurrir a largos procesos de ensayo físico, reduciendo tiempos y costes. Esta capacidad de adaptación rápida resulta esencial para responder a cambios normativos o a picos de demanda.

La trazabilidad y la certificación también se apoyan en tecnologías avanzadas. Sistemas de gestión digital y herramientas basadas en blockchain o bases de datos inteligentes facilitan el seguimiento del origen de las materias primas y del cumplimiento de estándares medioambientales. Esto aporta transparencia a la cadena de valor y refuerza la confianza de clientes y administraciones, un aspecto cada vez más valorado en el mercado de productos sostenibles.

¿Qué normativa regula los plásticos de un solo uso?

En España, la normativa que regula los plásticos de un solo uso se basa principalmente en la Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, que transpone las obligaciones de la Directiva (UE) 2019/904 relativa a la reducción del impacto de ciertos productos de plástico en el medio ambiente. Esta ley entró en vigor el 1 de enero de 2023 y constituye el marco legal principal para abordar la fabricación, comercialización y gestión de plásticos de un solo uso en el país.

La Ley 7/2022 define qué se entiende por “productos de plástico de un solo uso”: aquellos fabricados total o parcialmente con plástico que no están concebidos para ser reutilizados múltiples veces durante su período de vida útil. Sobre esta base, la normativa establece medidas destinadas tanto a la prevención como a la reducción de su consumo y a la mejora de la gestión de los residuos generados.

Uno de los aspectos más relevantes de la regulación es la prohibición gradual o restricción de determinados productos de plástico de un solo uso. Aunque muchos de estos productos —como pajitas, bastoncillos, cubiertos y platos desechables— ya estaban prohibidos en la UE por la directiva comunitaria, la Ley 7/2022 incorpora y actualiza esas prohibiciones en el ordenamiento jurídico español, complementándolas con objetivos de reciclaje, diseño ecológico y reducción de residuos.

Además, esta ley establece objetivos de recogida separada de residuos plásticos, especialmente de botellas de hasta tres litros, con metas escalonadas entre 2023 y 2029 para aumentar la cantidad que se recicla en relación con la introducida en el mercado. Si no se alcanzan estos objetivos intermedios, se prevé la implantación de sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR) para garantizar su cumplimiento.

La normativa también regula aspectos de diseño ecológico, como la obligación de incorporar tapas unidas a los envases y de aumentar el contenido de material reciclado en las botellas de PET, con porcentajes mínimos que se incrementan en el tiempo para fomentar la economía circular.

Más allá de la ley de residuos, España ha introducido un impuesto estatal sobre los envases de plástico no reutilizables, que grava con una tasa específica a los envases plásticos desechables a partir de enero de 2023, reforzando así los incentivos para reducir su uso y promover alternativas sostenibles.

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