El respeto por la naturaleza es clave para prevenir incendios forestales.

Prevención incendio forestal

Los incendios forestales son una catástrofe que nos asola cada verano. La imagen de los bosques consumiéndose entre las llamas nos encoge el corazón. El empleo de los medios necesarios, por parte de las administraciones públicas, para prevenirlos y extinguirlos, así como un comportamiento ciudadano, respetuoso y responsable con la naturaleza, son clave para que cada vez se produzcan menos.

El verano del 2025 fue catastrófico. En agosto se llegaron a producir 11 incendios simultáneos en Castilla y León. La comarca gallega de Valdeorras, en el sur de Orense, fue devastada por las llamas. Se calcinaron más de 30.000 hectáreas de bosque. Los incendios destruyeron el espacio natural de las Médulas, una obra de la ingeniería romana del siglo I, patrimonio de la humanidad, ubicada en la provincia de León, y las llamas llegaron a rodear varios pueblos.

Los formadores de INAFO, una academia que se encarga de preparar a estudiantes que se presentan a las oposiciones a Agente Forestal y Agente Medioambiental y que imparten cursos de formación para los profesionales del sector, nos comunican que los días 27. 28 y 29 de abril se celebrará en Cuenca las I Jornadas Nacionales de Investigación de Incendios Forestales en España. Una muy buena noticia en la lucha contra este problema, y una oportunidad para colocarlo en primera plana antes de que nos sintamos estremecidos por los efectos de los incendios veraniegos.

Es injusto adjudicar toda la responsabilidad sobre este asunto a los ciudadanos. Es el Estado y, principalmente, las Comunidades Autónomas, ya que se trata de una competencia transferida, los que deben evitar estos siniestros. Pero no debemos olvidar que nosotros jugamos un papel importante en este tema. Muchas veces, una actuación descuidada puede ser el origen de un incendio forestal. Tan solo hay que poner más atención en no cometerla.

El impacto de los incendios forestales.

La Fundación Aquae subraya que los incendios forestales tienen un impacto directo sobre la biodiversidad natural y sobre el cambio climático.

Un incendio destruye flora y fauna autóctona que costará mucho tiempo recuperar. Esa idea de que el incendio tiene un efecto regenerador en el bosque es completamente errónea. Después del incendio forestal, el suelo queda seriamente dañado. Lo que dificulta que se pueda regenerar de manera adecuada. El exceso de agua, que se emplea en la extinción del incendio, erosiona de manera significativa los espacios naturales.

Por otro lado, los incendios forestales tan salvajes que se están produciendo en los últimos años, aceleran el cambio climático. Un incendio de estas características provoca una emisión extraordinaria de CO₂ a la atmósfera. Al mismo tiempo, al destruirse árboles y plantas, se produce menos oxígeno para el planeta, lo que aumenta el calentamiento global y acelera la desertificación.

Oriol Vilalta, director de la Fundación Pau Costa, indica que mientras que hace unas décadas, la mayoría de los incendios forestales se producían en las zonas bajas de los bosques, en la actualidad, han pasado a generarse en las zonas altas. Más inaccesibles y con una mayor vegetación, lo que hace que los incendios sean más incontrolables, más impredecibles y de unas dimensiones mucho mayores. Una de las causas que encuentra este bombero forestal sobre este fenómeno tan peculiar obedece, según él, a la despoblación del mundo rural. En otras épocas, al realizarse más actividad agraria en las inmediaciones de los bosques, se hacía más trabajo de mantenimiento forestal, limpiar de vegetación los caminos, crear cortafuegos, pastoreo extensivo, etc. Hoy, un conato de incendio producido en una zona baja, se extiende con rapidez a la parte alta del monte dificultando su control.

Con todo este panorama, en las zonas más proclives a padecerlos, como los países mediterráneos, los incendios se extienden más allá de los tres meses de verano. Y en los países donde eran menos frecuentes, como en el norte de Europa, se empiezan a generalizar.

El 96% de los incendios forestales tienen una causa humana.

El blog de la Universidad Isabel I arroja el dato de que el 96% de los incendios forestales son originados por el hombre. Un 68% provienen de una negligencia y entre un 19 y un 25% son intencionados.

Por tanto, la gran mayoría de los incendios no los provoca un pirómano enfermizo o están planificados, sino que son consecuencia de pequeños accidentes en la actividad agrícola, como una quema de rastrojos sin tomar las medidas oportunas; o la actividad recreativa del hombre en la naturaleza: montar una fogata en una zona donde no está señalizada, dejar residuos de basura sin recoger, tirar una colilla en el bosque mal apagada…

Según la Fundación Aque, la quema agrícola se puede convertir en una de las mayores amenazas para las zonas naturales del planeta. La poda es una tarea habitual de la agricultura. Es necesaria para que las plantas de cultivo crezcan sanas y fuertes, y para que sean más productivas, pero estos residuos agrarios que se generan, en lugar de quemarse a campo abierto, sería interesante reutilizarlos de otra manera. Transformarlos en peles para la industria o para las estufas domésticas, comercializarlos como leña, compostarlos, etc.

El adecuado resaltar que solo un 14% de los incendios son de origen natural. Es decir, se han producido por un rayo de tormenta o por la fricción del aire caliente sobre la vegetación seca. Es más, en la mayoría de estos casos, el incendio se extingue de manera natural, sin que sea necesaria la intervención humana.

¿Cómo se investiga un incendio?      

Investigar las causas de un incendio es fundamental para fijar responsabilidades y, sobre todo, para tomar medidas para que no se vuelva a producir. De este trabajo se encargan los agentes forestales, los agentes medioambientales y otros cargos similares.

La investigación se efectúa de manera directa sobre el terreno y, por lo general, 72 horas después de que se haya extinguido por completo el incendio y de que los equipos de extinción hayan determinado que la zona es segura.

Los investigadores buscan indicadores que señalen el foco o focos originarios del incendio. Para ello se basan en observar las marcas que ha dejado sobre el terreno la dirección de la propagación del fuego. Como las marcas en “V” sobre el suelo y los árboles o las sombras en las piedras. Identificar el punto de inicio del incendio, acota el espacio que se va a investigar.

La recogida de pruebas es una tarea básica. Se recogerán muestras de colillas, plásticos, restos de artefactos, vidrios, etc. que se llevarán a un laboratorio para analizar. Para localizar restos de sustancias que aceleraron la combustión, como gasolina o alcohol, se utilizan perros adiestrados en este trabajo. La información térmica que puedan facilitar medios como drones o imágenes por satélite que se utilizaron durante la extinción del incendio, son útiles para comprender el origen y desarrollo del incendio.

Durante la investigación se evalúa el entorno, para localizar causas potenciales que pudieran haber influido como líneas eléctricas próximas, zonas de cultivo cercanas, señales de presencia humana con fines de ocio, etc.

La investigación de un incendio forestal es un trabajo complejo y pormenorizado que requiere estudiar todas las pruebas recogidas y establecer una posible relación entre ellas.

La insuficiencia de medios.

Un factor que sobrevuela sobre la lucha contra los incendios forestales es la insuficiencia de medios. El periódico El País habla en un artículo que publicó el pasado verano de “Viejos Métodos para Incendios Nuevos”.

Y es que desde el 2010 hasta ahora estamos viviendo incendios forestales que no tienen nada que ver con los que se producían a finales del siglo pasado. Son los incendios forestales de VI Generación. Santiago Zamora, bombero forestal de Castilla y León, señala que cuentan con los mismos operativos de hace 20 años. Él lleva trabajando como bombero forestal 10 años y en ese tiempo ni los medios, ni las técnicas de extinción se han cambiado en lo sustancial,

Desde el 2010 se empiezan a percibir grandes incendios que se suceden de manera simultánea y que pueden tener varios focos cada uno de ellos. Unas circunstancias que superan la capacidad operativa de los equipos de extinción.

En el 2017 se documenta en Portugal el primer incendio catalogado como de VI Generación. Un incendio que supera cualquier estrategia convencional y que requiere una planificación de extinción interterritorial e interdisciplinar, con la colaboración de medios provenientes de otras partes del país. Esta pasa a ser la tónica general de los grandes incendios que se han producido en el sur de Europa desde entonces.

El sindicato de funcionarios CSIF denuncia que faltan medios humanos y materiales para hacer frente a los incendios forestales en comunidades autónomas como Valencia, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Aragón y Extremadura. Ya no solo bomberos forestales, que como hemos visto en la prensa y la televisión están sometidos a unas jornadas extenuantes en unas condiciones precarias de trabajos; sino también de agentes forestales para que puedan cubrir un servicio 24/7 (24 horas al día, las 7 horas de la semana).

La responsabilidad ciudadana.  

El mundo rural sufre un cierto abandono, ha bajado su población a límites alarmantes, pero la actuación del hombre en la naturaleza no ha desaparecido, ni mucho menos. Se siguen haciendo actividades agrarias de riesgo, como quemas de rastrojos, y viajamos con frecuencia al campo para desconectar, hacer deporte o vivir experiencias relajantes. Las escapadas a la naturaleza y el turismo rural son tendencia.

Es conveniente recordar que la mayoría de los incendios forestales causados por el hombre no son intencionados, sino que se corresponden con descuidos. Esto nos obliga a extremar la atención cuando estamos en la naturaleza y a no permitirnos ningún desliz que vaya a maltratar el entorno natural.

Precisamente, porque el bosque no está tan cuidado como debiera: por despoblación rural, por falta de medios, por una gestión insuficiente, o por una combinación de factores; esto nos obliga a ser más cuidadosos si cabe con todo lo que hagamos cuando estamos en plena naturaleza.

Cada día somos más conscientes de lo importante que es cuidar del planeta. Ese cuidado comienza por los pequeños detalles, por no permitirnos hacer determinadas cosas.

Consejos para evitar incendios forestales.

En colación con el punto anterior, estos son algunos consejos sobre acciones que podemos hacer para evitar incendios forestales:

  • No arrojar colillas ni cerillas al suelo. Esta es una de las causas más comunes de incendios forestales. Aunque parezcan apagados, pueden mantener calor suficiente para iniciar un fuego, especialmente en verano.
  • Evitar hacer fuego fuera de zonas habilitadas. Las barbacoas o fogatas solo deben realizarse en espacios autorizados. En muchos sitios en verano están totalmente prohibidas por el alto riesgo que entrañan.
  • No abandonar basura en el campo. Residuos como botellas de vidrio pueden actuar como lupa con el sol y provocar un incendio. La basura, en general, aumenta el riesgo y dificulta las labores de prevención.
  • Evitar el uso de maquinaria que produzca chispas en zonas forestales. Herramientas como radiales, desbrozadoras o sierras eléctricas pueden provocar chispas. Es importante utilizarlas con precaución y evitar su uso en condiciones de riesgo extremo.
  • Mantener limpios los alrededores de viviendas en zonas rurales. Las inmediaciones de urbanizaciones y chalets cercanos a espacios naturales son lugares sensibles a los incendios. En este sentido debemos desbrozar la vegetación seca, retirar hojas y mantener una franja de seguridad alrededor de las casas para evitar que el fuego se propague.
  • Extremar la precaución con vehículos en el campo. Aparcar sobre hierba seca o circular fuera de caminos puede provocar incendios por el calor del motor o del tubo de escape.
  • Ser prudente con la quema de rastrojos y restos agrícolas. Los agricultores deben realizar estas prácticas solo cuando estén permitidas, con autorización expresa y en condiciones meteorológicas adecuadas. Además, es fundamental contar con medidas de control como cortafuegos y tener agua cerca.
  • Avisar inmediatamente al detectar el humo o el fuego. La rapidez en la detección es clave para extinguir el incendio. Por eso, debemos avisar a emergencias lo antes posible.

Si todos actuamos de manera responsable, los incendios forestales se pueden prevenir de una forma significativa.

 

 

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