Los talleres antibullying con juego y empatía

El bullying ha existido siempre, no es algo que sea fruto de las últimas generaciones. Esta palabra anglosajona no es otra cosa sino el tristemente acoso escolar. Recuerdo en mi infancia a una niña de bastante sobrepeso que le hacían la vida imposible, simplemente por tener unos kilos de más. Nuria, que era como se llamaba, aguantaba de todo y estuvo todo el cuarto curso de la EGB. Cuando llegó septiembre y tocaba empezar el quinto curso, ya no estaba, se había ido a otro colegio.

Así se solucionaban antes estos temas y lo cierto es que no había demasiadas herramientas para afrontarlos. Ahora existe una mayor concienciación en la sociedad sobre esto, aunque es un problema que sigue produciéndose.

Una responsabilidad de todos

Cuando hablamos de bullying hay que tener claro que no es algo que pueda evitarse o dejar solo en manos de los colegios. Los padres y cuidadores saben también que el acoso escolar existe y que puede aparecer en cualquier momento, a veces sin hacer ruido, en silencio.

Basta con que haya un comentario, una repetición de burlas o exclusiones de manera constante para que ya sea algo que, de una manera u otra, acabe por marcar de manera importante la vida de un niño.

Las nuevas formas de afrontar estas situaciones

Afortunadamente, en estos últimos años hemos podido ver cómo se abren nuevas vías de cara a afrontar este tipo de situaciones. Para ello quisimos hablar con los responsables de Playing Camp, que como expertos en talleres antibullying creen que es importante desterrar el castigo o las charlas teóricas, puesto que raramente conectan de verdad con los niños y no consiguen desterrar el problema.

Por este motivo han ido apareciendo nuevas maneras de afrontar los problemas como los talleres antibullying, que buscan, basándose en el juego y la empatía, frenar los casos de acoso escolar.

Funcionan porque hablan el lenguaje de los niños, donde los juegos, las emociones y las experiencias directas funcionan.

Esto hace que sea interesante profundizar más sobre esta clase de talleres, su efectividad y la manera en la que es posible integrarlos en el colegio y también en los entornos familiares.

La necesidad de un cambio de enfoque

Durante bastantes años, cuando se trataba de prevenir el acoso escolar, la solución se basaba en cumplir ciertas normas como: “no pegar”, “no insultar”, “respetar a los compañeros”. Son unas reglas que son precisas, pero no siempre dan el efecto deseado en los niños.

Lo que ocurre es que los niños no solamente aprenden con normas, lo hacen mediante experiencias. Si le digo a un niño que no haga daño, es posible que pueda no entender el impacto que tienen los actos que realice. De la misma forma, todo es más complicado cuando no se le proporcionan herramientas de cara a gestionar sus frustraciones, inseguridades o la necesidad de pertenecer a un determinado grupo.

Cuando se habla de este tema no estamos solo ante una situación en la que únicamente hay agresores y víctimas. En ocasiones vemos cómo hay diferentes testigos que no intervienen, niños que no saben realmente cómo reaccionar o que no quieren implicarse por diferentes temores. Todo ello termina formando parte de este problema.

Los talleres lo que hacen es trabajar desde algo tan importante para los niños como el juego y buscan en la empatía un cambio de foco, de tal forma que no solo se eviten determinadas conductas negativas, sino que se desarrollen una serie de habilidades a nivel emocional y social que puedan prevenir la aparición de este tipo de conductas.

El juego es una herramienta de gran poder educativo

Aunque nos puede parecer que el juego está alejado de la seriedad, lo cierto es que es una de las maneras más profundas de aprendizaje con la que cuentan los niños.

Mediante los juegos, lo que ocurre es que los niños viven una serie de situaciones, roles y expresan las emociones que sienten con mayor seguridad. Se muestran más abiertos porque no parece que se les esté evaluando no juzgando, lo que siempre es positivo.

Cuando se aplica el juego a los talleres antibullying el juego es posible usarlo de distintas formas:

  1. Juegos de rol, donde los niños juegan a interpretar distintos papeles como por ejemplo víctima, agresor y observador.
  2. Se realizan varias dinámicas cooperativas en las que deben ayudarse para poder conseguir un objetivo común.
  3. Actividades que lo que hacen es poner en evidencia la forma en la que se sienta una persona cuando es excluida o ignorada.
  4. Gracias a los juegos símbolicos se pueden expresar una serie de emociones que son complicadas de verbalizar.

En este tipo de dinámicas, por ejemplo, las hay en las que es posible pedir a un grupo de alumnos que formen un círculo y que, sin razón alguna, se excluya a uno de los compañeros.  Luego, se debe pensar y reflexionar sobre cómo se sintió esa persona.

Este tipo de situaciones y experiencias, aunque pueden parecer simples, lo que hacen es generar una comprensión bastante más profunda que cualquier clase de explicación de carácter teórico.

La importancia de la empatía

Uno de los elementos clave en este tipo de talles es la empatía. No hablamos del clásico concepto abstracto, sino que es una habilidad que puede entrenarse y que es eficaz en este tipo de casos.

Cuando se habla de empatía, lo hacemos de la capacidad que tiene una persona en el lugar del otro, entender de qué manera siente y actuar en consecuencia. Esto no siempre aparece de manera natural, especialmente en los niños.

¿De qué forma se trabaja la empatía en los talleres?

  • Se identifican las propias emociones y también las de los demás.
  • Aprenden a leer las expresiones de la cara y el lenguaje corporal.
  • Se escuchan historias reales o ficticias que ayudan a conectar con situaciones en las que existe acoso escolar.
  • Reflexiones grupales sobre de qué forma se podrían haber hecho las cosas.

Hay que tener claro que cuando un niño de verdad comprende cómo se siente otro cuando se le ignora o ridiculiza, hay menos probabilidades de que repita dicho comportamiento. En el caso de que lo presencie, existen más posibilidades de que pueda intervenir o que solicite ayuda.

¿Cuál es el papel que tienen los adultos?

Entre los aprendizajes más importantes que tiene este enfoque podemos decir que los adultos no solo tienen que limitarse a la corrección de las conductas, también deben acompañarnos en los procesos.

Cuando se celebran los talleres, lo que ocurre es que los educadores y facilitadores no actúan solo como jueces, también lo hacen como guías. De esta forma, lo que hacen es observar, hacer preguntas y ayudan a establecer reflexiones. No se imponen las respuestas, lo que se invita es a encontrar las más adecuadas.

Todo esto es posible trasladarlo a los hogares. En vez de reaccionar solo cuando se produce un problema, es posible:

  • Preguntarle al niño cómo se sintió en el colegio.
  • Interesarse sobre las relaciones que tiene con otros niños.
  • Validación de las emociones, hasta cuando no estemos de acuerdo con el comportamiento que tiene.
  • Ayudar a que se le ponga nombre a lo que se siente.

Esto podemos verlo de manera más práctico pensando que si un niño dice que tuvo un conflicto, en vez de decirle solo “eso está mal”, se le pude preguntar ¿Cómo piensas que puedo sentirse el otro? O ¿Qué se podría hacer si otra vez sucede esto?

Prevenir es clave

Uno de los errores que se ven más asiduamente es el pensar que el acoso escolar solo comienza en las etapas más avanzadas como puede ser en la adolescencia. Lo cierto es que este tipo de comportamientos como el de la burla, la exclusión o el dominio pueden comenzar bastante antes.

Por este motivo, los talleres no se dirigen solo a adolescentes. Buscan adaptarse a las edades más tempranas, por lo que se pueden aplicar a la educación infantil y primaria, donde es posible usar un lenguaje y unas dinámicas acordes a cada edad.

Conforme antes de trabajen distintas habilidades como la empatía, la gestión de las emociones o la comunicación, más sencillo es prevenir las situaciones de acoso de cara al futuro.

Otros beneficios de estos talleres

Pese a que parece claro que el objetivo más importante de este tipo de iniciativas es la prevención del acoso, los beneficios de esta clase de talleres van bastante más lejos.

Los niños que participan en este tipo de actividades mejoran su autoestima, aprender a saber solucionar conflictos de manera más saludable, tienen más seguridad al expresar lo que sienten. Se sienten más integrados en el grupo y también ayudan a reducir las conductas más agresivas o impulsivas. De igual forma se crea un clima de grupo más positivo en el que es más complicado que aparezcan las dinámicas de exclusión.

¿Qué ocurre cuando se produce un caso de bullying?

Pese a que la prevención es importante, también es necesario actuar cuando existe el problema. Los talleres que se basan en el juego y en el desarrollo de la empatía pueden acabar siendo útiles en esta clase de casos, pero deberán ser parte de un enfoque más amplio. No hablamos de “Juntar a todos sin más”, sino de que se trabaje con la estructura necesaria.

Se debe apoyar a la víctima para que vuelva a recuperar la seguridad en sí misma. El agresor necesita comprender el impacto que tienen sus actos y debe desarrollar otras formas a la hora de relacionarse con las personas.  El grupo debe involucrarse para que cambie la dinámica colectiva. Hay que coordinar a la familia y al centro educativo. Lo importante y el verdadero objetivo no es señalar, sino transformar esos comportamientos negativos.

¿Cómo escoger un buen taller?

Todos los talleres antibullying no son los mismos, por lo que debemos fijarnos en una serie de aspectos antes de ponernos a escoger uno:

  1. Deberá estar diseñado por profesionales del sector educativo o psicológico.
  2. Hay que incluir dinámicas participativas.
  3. No hay que olvidar tener en cuenta la edad que tienen los niños.
  4. Siempre que sea posible hay que implicar a las familias.
  5. Lo mejor es no dar discursos alarmistas o que se basen en el miedo.
  6. Los talleres de calidad no dejan a los niños asustados, sino con mayor consciencia, seguridad y preparación.

¿Qué se puede hacer desde casa?

Pese a que los talleres son una herramienta de gran valor, hay que educar a los niños en la empatía y en el respeto, algo que comienza en casa.

Aquí hay una serie de gestos en el día a día que marcan, sin duda, la diferencia:

  • Conviene evitar las etiquetas (“eres un niño malo” o eres un niño problemático”).
  • Se debe fomentar el diálogo en vez de imponer opiniones.
  • Hay que tener respeto en las relaciones que se establecen en el hogar.
  • Ser ejemplares a la hora de solucionar los conflictos.
  • No dudar en hablar de forma abierta sobre las emociones que tenemos.

No debemos olvidar al hecho de prestar atención a las señales de alerta que pueda haber, como posibles cambios en la forma de comportarse, rechazo a ir al colegio, tristeza sin motivo aparente o aislamiento.

La necesidad de una educación mucho más humana

Después de todo lo que hemos hablado, lo principal que debemos tener claro es que este tipo de talleres antibullying donde se utiliza el juego y la empatía, nos quieren recordar que educar no solo es cuestión de transmitir normas. Sino de formar personas.

Hay que luchar porque las personas desarrollen la capacidad de entender mejor a los demás, de ponerse en su sitio, de actuar usando el respeto, incluso cuando nadie los mire.

Aunque es posible que no se puedan evitar todos los conflictos, si que es posible dar a los niños una serie de herramientas para que puedan irlos gestionando de manera más sana y consciente.

Al final este tipo de talleres ayudan no solo a solucionar problemas concretos de la vida en los niños, también son de gran utilidad de cara al futuro.

Compartir

Más comentados

Aprender inglés, importante y positivo

Aprender idiomas es algo interesante, importante y muy beneficioso. No porque en determinados momentos o situaciones, se considere obligatorio el aprendizaje de un idioma. Simplemente, porque permite conocer otras culturas

Obligación formativa en la construcción

Trabajar en un sector como el de la construcción, implica tener que adquirir una serie de conocimientos. No solo arquitectos o ingenieros, deben disponer de una titulación que acredite su