De verdad, no te mudes de país… o, si lo haces, lee este artículo y ten todas estas cosas en cuenta para que no te pase lo que nos pasó a mi familia y a mí. Todo pasó un día que mi padre recibió una notificación de su trabajo: la empresa iba a cerrar su sede en España, así que tenía dos opciones: o mudarse a la sede más cercana, en Francia… o quedarse sin trabajo con efecto inmediato, porque la decisión era completamente irrevocable.
Mi padre nos lo contó con la cara blanca: nos vino los últimos días del mes de junio, casi antes de sus vacaciones de verano, y nos explicó que su empresa cerraba en España y que teníamos que tomar una decisión. Yo me negué, porque comprendeme, tengo 17 años y toda mi vida está en España: mis amigos, mi instituto, mis sitios de fiesta y de caminata… TODO lo tenía aquí. Pero mi padre me explicó que, si nos quedábamos, no sabía cómo íbamos a vivir, porque mi madre no trabaja (se dedica a cuidar la casa, que mucho es de por sí), y solo contábamos con el sueldo de mi padre.
Así que tuve que hacer de tripas corazón, aguantarme las ganas de llorar, y aceptar mudarme a otro país, con otro idioma que no dominaba y con otras personas que no iba a conocer. TODO mi mundo estaba a punto de cambiar de un día para otro, y yo no estaba de acuerdo… pero no tenía más opción que hacerlo. Por mi padre, por mi madre… porque no lo perdieran todo. Creo que prefería perderlo yo a que lo perdieran ellos, porque a mi padre, que le gusta mucho su trabajo.
Pero, cuando fuimos a otro país, surgieron muchos inconvenientes: que si el vuelo, que si la mudanza, que si la búsqueda de casa… Así que por Dios, si vas a mudarte de país… ¡lee esto, que te interesa!
Asegúrate de conseguir una buena empresa de transporte para tus cosas
Recuerdo levantarme un par de días antes como si no hubiese dormido nada en toda la noche, a pesar de que me acosté a las once de la noche y me levanté a las nueve de la mañana. Pero con todo, me escocían los ojos del cansancio, me costaba abrirlos y sentía que no había dormido en dos o tres semanas. Sé de dónde venía esto, lo más probable es que esa noche estuviese muy intranquila y mi cuerpo no fuese capaz de descansar en condiciones, así que cuando me desperté estaba súper cansada.
Mis padres creo que llevaban ya un rato despiertos, porque estaban hablando con prisas, metiendo cosas en las maletas, pero el viaje no iba a ser hasta dentro de dos días, así que no entendía muy bien qué estaba pasando. Los veía tan apurados y nerviosos que me hicieron preguntarme si no me habría equivocado de día y realmente nos íbamos hoy. Eso me asustó, porque esta noche había quedado con todos los colegas para montar una buena y despedirnos…
… pero no, no nos íbamos ese mismo día. Mis padres habían contratado a una empresa de transporte para que nos enviasen un camión y llevar todas nuestras cosas a la nueva casa. ¿Cómo no se me había ocurrido preguntarles antes, teniendo en cuenta que nos íbamos al otro lado de España? Mi madre me vio y me dijo que me diese prisa, que el camión llegaría dentro de 3 horas y les acababan de avisar, que me habían comprado unas cuantas cajas de cartón para que guardase todo cuando necesitase.
A mí me preocupaba un poco perder mis cosas, porque son mi tesoro, pero me dijeron que no me preocupase, que al parecer habían preguntado a varias empresas, y una de ellas, Cargolink, que hacen transporte por todo el país y el mundo, le explicaron que los camiones van con GPS por si pasase algo, y que todo lo que lleva dentro está asegurado por si se rompiese o se estropease algo. No me dejó del todo tranquila porque hay cosas que son irremplazables… pero, al menos, tendría un pequeño resguardo.
¡Prepara la documentación el día antes!
El día antes o dos o tres días antes, porque hay cosas que, si dejas para el último momento, te arrepientes. Yo me iba de España a Francia, y, como ambos son europeos, basta con el DNI para ir entre países, porque entre miembros de la unión europea no se exige el pasaporte. Pero claro, esto no mucha gente lo sabe, y mi familia y yo nos enteramos cuando, esa misma mañana, al levantarnos y preparar la documentación para viajar esa misma tarde… los pasaportes no aparecían por ningún lado.
Aquello era raro, ¡los habíamos actualizado hacía apenas un mes, y recuerdo perfectamente que los guardamos en el mueble de la entrada, junto a todos los documentos! Yo estaba frustrada y seguía sin querer irme, así que el dije a mi padre que eso era cosa del destino, que Dios nos había quitado los pasaportes para que no pudiésemos irnos del país. Incluso le pedí que se lo pensara, pero él me miró muy triste y me dijo que no podía, que tenía que cuidar de nosotras. Yo me arrepentí un poco al ver su cara, pero es que de verdad que no quería irme…
Mi madre llamó desesperada al aeropuerto para explicarles nuestra situación, porque mi padre empezaba el trabajo allí en tres días y necesitábamos coger ese vuelo. La mujer, amáblemente, nos explicó que desde dónde a dónde viajábamos, y cuando le dijimos el origen y el destino, la mujer nos tranquilizó y nos explicó que para viajar entre miembros de la Unión Europea NO se necesita pasaporte, que solo el DNI era suficiente. Aquello fue un alivio y un golpe bajo para mí, porque nos íbamos… y nos íbamos de verdad. Mi pesadilla se hacía realidad a una velocidad muy grande y yo no podía detenerla…
Entre una cosa y otra, al final, salimos más tarde de lo que deberíamos de casa
¿Nunca te han dicho que, por si ocurren cosas, lo mejor es salir de tu casa con bastante tiempo de antelación cuando vas a coger un vuelo? Ese día supe el por qué, y os prometo que no os lo vais a creer, porque fueron tantas cosas que, de verdad… parecía que algo superior no quería que nos fuésemos. Salimos con apenas una hora de ventaja antes de que saliese el avión. Cualquiera pensaría que es suficiente… pero te recuerdo que hay que llegar, facturar maletas, buscar la terminal del avión… ¿ves ya por dónde van los tiros de todo lo que nos pasó?
-Pues sí, lo primero que nos pasó fue que el tráfico ese día estaba horrible. Jamás había visto tantísimos coches yendo y viniendo, fue un verdadero caos. Casi parecía que estuviesen regalando algo en algún sitio y no nos hubiesemos enterado. La cosa es que, entre pedir un taxi, que este viniese, que pudiésemos cruzar y salir de la ciudad, llegar al aeropuerto y bajar las maletas del coche… se nos fue, sin exagerarte, casi media hora. ¡Casi la mitad del tiempo que teníamos para prepararnos y salir en avión! Aquello estresó un montón a mis padres y empezaron a correr como psicópatas por todo el aeropuerto (que encima es ENORME) para facturar las maletas en dos segundos.
-Bueno, nunca es en dos segundos, porque la facturación es lenta… básicamente porque no eres el único que factura su maleta. La cola de personas era inmensa, porque, a diferencia de nosotros, muchos otros pasajeros habían salido con tiempo de sobra de sus casas y habían pasado a facturar sus maletas mucho antes de lo previsto, y eso a nosotros, que íbamos con el tiempo casi justo (y ya excesivo) no nos beneficiaba en lo más mínimo. Mi padre empezó a exasperase y a susurrar que lo íbamos a perder en bucle, totalmente pálido y sudoroso, y mi madre no paraba de mirar el reloj con nervios. Yo, que tengo menos vergüenza que ellos, levanté la voz y le expliqué a todo el mundo lo que nos pasaba, incluso a las personas que trabajan allí y preparan las maletas para facturar… y, gracias a esto, nos dejaron pasar y facturar las maletas por delante de todos ellos. Si no lo hubiesen permitido, habríamos perdido el avión.
-Faltaban ya quince minutos exactos para que saliese el avión y todavía no teníamos ni idea de dónde teníamos que ir ni de dónde estaba la puerta de embarque. Encima, el aeropuerto es de lo más grande que te puedas imaginas y, aunque hayan cintas transportadoras en el suelo que te ayudan a ir más rápido, te aseguro que tendríamos que tener alas para poder encontrar el sitio y montarnos antes de que saliese el avión. ¿Cómo lo solucionamos? Esta vez fue cosa de mi madre, que habló con un trabajdor de allí. Este se llevó las manos a la cabeza y nos reprendió por no haber salido de casa con tiempo, y luego avisó a otro compañero. Vino un hombre en un cochecito, nos montó y nos llevó por el aeropuertro a mucha más velocidad que si hubiésemos ido andando.
Al final llegamos y entramos, a dos minutos de que saliese el avión, y con azafatas, encargados y varias peronas más lanzándonos malas miradas y riñéndonos por ser tan irresponsables.
No te fíes de las apariencias… y ve a ver la casa en persona
Nosotros estábamos en España cuando mi padre recibió el aviso, y tuvimos que buscar algo para vivir en Francia en tiempo récord. Pero claro… eso hizo que tuviésemos que fiarnos de lo que nos decía la agencia inmobiliaria, porque no ibamos a poder pagar dos viajes para ir a Francia: uno para buscar piso y otro para poder quedarnos allí. No tuvimos más remedio que creer en las fotos y rezar porque todo estuviese bien.
Bueno, te aconsejo que NUNCA hagas eso. Mamá y papá habían alquilado una casa preciosa, bien decorada, con mucho sol, muebles preciosos… pero tan pequeña que parecía una caja de zapatos. La cosa es que habían hecho un truco fotográfico y, vista en fotos, la casa parecóa mucho más grande de lo que era en realidad. Incluso siendo solo tres personas era una casa demasiado pequeña, creo recordar que tendría 30m2, así que más que una casa, era un estudio para tres personas. Y nosotros queríamos estar cómodos, claro…
Así que tuvimos que aguantar en esa casa un par de meses mientras, a la vez que mi padre trabajaba, encontrar el mejor sitio al que mudarnos y dejar esa madriguera atrás. Fue estresante, porque yo estaba ya aprendiendo y practicando el idioma, mi madre trataba de buscar formas de trabajar o de ocupar su día, mi padre trabajaba… y todo eso nos dejaba poco tiempo para poder buscar una casa que atendiese a todas nuestras necesidades: al menos, que fuese lo bastante grande como para que tres personas tuviesen su espacio y su independiencia, aunque conviviesen juntos.
Y al final la encontramos: no estaba cerca del trabajo de mi padre, estaba a unos 40km, en un pueblito cercano, pero era suficiente, para empezar, porque encima era barata.
Los vecinos nuevos fueron un caso
No nos quedamos tampoco mucho tiempo en esa casa, nuestra casa actual la encontramos después de vivir en esa casa de campo un par de meses. Nos gustó al principio: era coqueta, pequeña pero amplia… era buena para nosotros, y cerca del trabajo… pero los vecinos eran insoportables, de esos de campo típico que son súper cotillas y metomentodos. ¡No soporto a los vecinos que siempre están encima de ti para cotillearte y ver qué estás haciendo!
Así que, como mis padres tampoco lo soportaban, y además era una casa muy fría en invierno, que acumulaba humedades y frío en las paredes, nos fuimos a otra casa, esta vez la que tenemos ahora: un pequeño piso de 80m2, a diez minutos andando del trabajo de mi padre, amplia y con luz.
¡Ahora sí que sí, estamos bien!
Al final el cambio no fue para tanto…
Os escribo esto dos años después de mudarme y a punto de reunirme con mis nuevos amigos. De verdad, el cambio puede dar muchísimo miedo, sobre todo si es tan grande que te obliga a dejarlo todo atrás… pero cuando lo haces y pasa el tiempo, te das cuenta de que no espara tanto.
Así que si la vida te obliga a hacer un cambio… no te resistas, y déjate sorprender. Seguro que merecerá la pena con el tiempo.